República Bolivariana
de Venezuela
Municipio Mariño
Estado Nueva Esparta
  Miercoles 29 de Marzo del 2017

Una cloaca se rompió en la Asamblea Nacional.

Ayer en horas del mediodía, el país fue sacudido por los gritos de un diputado de nuestra maltrecha Asamblea Nacional.

 

Un ser, que se paró frente a los micrófonos y escudado tras un podio, abrió la boca y cual cloaca, comenzó a descargar un torrente de inmundicias, que manaban desde no sé qué parte de su espíritu o su cuerpo, realmente no vale la pena distinguir de donde provenían,  porque lo cierto es que mostraba el grado de descomposición que tienen algunos miembros de tan alta institución pública, que a todas luces debería ser modelo de convivencia para la nación.

 

Y cuando digo modelo de convivencia, no me refiero ni de cerca a la alcahuetería, sino a que es un sitio para elevar voces de protesta ajustadas a la imagen que deben tener nuestros líderes y a las normas de buena conducta.

Pues este elemento, encaramado en la cumbre del hemiciclo, daba la sensación de sentirse como Zeus en el Olimpo, con poder infinito para proferir insultos y calificativos de toda índole contra algunos líderes presentes y otros ausentes.

 

Pareciera que lo que oímos ayer forma parte del debate democrático, pero definitivamente lo de ayer fue  quizás el peor uso que se le puede dar a esta libertad.

Ciertamente el uso del lenguaje es una habilidad y un arte y como tal debe ser cultivada.

 

Siempre he entendido, que el uso de la palabra por personas con un alto nivel intelectual puede llegar a lo más profundo del alma del interlocutor cuando esta es empleada de manera sabia y así lograr desencadenar a través del discurso, los cambios más profundos en los demás y en la sociedad.

 

Es más, sobran los ejemplos en el mundo en que grandes hombres y mujeres con discurso muy breve e incluso solo con gestos han logrado los cambios que han producido los grandes pasos en la evolución de la sociedad.

 

A diferencia de lo que vimos ayer, sapos y culebras que salían de la boca de un elemento que no hacía más que insultar a todos los venezolanos, que intentaba arrastrarnos a todos al chiquero de donde había salido por unos pocos minutos, para después volver.

 

Una serie de sonidos estridentes salían de su boca, ¿quizás trataba de decir algo? Pero era imposible entender… los sonidos que emitía, lo único que lograban era lastimar la inteligencia de quienes tratábamos de entender de que se trataba el asunto, mostraba unos cartones con imágenes que no podíamos definir y de vez en cuando, algunos seres de su misma especie (seguramente) se paraban a aplaudir como en un gesto de solidaridad con la actuación del semi Diós temporalmente encumbrado.

 

 

Yo creo que nadie entendió… o mejor dicho si, si entendimos, entendimos que a esa clase política hay que reemplazarla por una clase compuesta de personas con un alto sentido de la decencia y de las buenas costumbres, que tengan capacidad para hacer una denuncia o una propuesta sin estridencias, para que todos podamos entender y apoyar o rechazar los argumentos, una clase política que se parezca más a lo que somos nosotros los venezolanos, gente decente, de principios, hermanos que podemos pensar de manera distinta, porque al final, somos hijos de la misma madre, Venezuela.

 

Opinión por Dr. Jesús Eduardo Fernández I,

 

Candidato a Concejal de la MUD


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